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La soledad en las personas mayores: qué dice la evidencia y qué ayuda

En pocas palabras La soledad es la sensación dolorosa de tener menos vínculos de los que se desean, y es frecuente: la OMS calcula que afecta a 1 de cada 6 personas en el mundo y que hasta 1 de cada 3 personas mayores vive en aislamiento social. Se asocia a una peor salud y a una muerte más temprana. Entre los enfoques con mejor evidencia están el contacto regular y cálido y la ayuda con los pensamientos que hacen que la gente se retraiga, y los pequeños gestos cotidianos de la familia y del vecindario también cuentan.

La soledad es una de esas palabras que todo el mundo entiende y que poca gente dice en voz alta, y menos aún para hablar de su propia vida. También es uno de los problemas mejor estudiados de la edad avanzada. Este artículo recoge lo que dice de verdad la investigación: lo frecuente que es, por qué importa para la salud y qué tipos de ayuda tienen evidencia que los respalde.

Soledad y aislamiento no son lo mismo

La investigación distingue dos ideas que en el habla de todos los días suelen confundirse.

  • El aislamiento social tiene que ver con las circunstancias: a cuánta gente ve alguien o con cuánta habla, y con qué frecuencia. Se puede contar.
  • La soledad es un sentimiento: el malestar de tener menos relaciones, o relaciones menos satisfactorias, de las que se desean. Únicamente puede describirla la persona que la siente.

Las dos cosas suelen ir juntas, pero no siempre. Alguien puede vivir sin compañía, ver a poca gente y sentirse a gusto. Otra persona puede vivir con su familia, ver gente todos los días y sentir una soledad profunda. Esto es importante para las familias, porque significa que no se puede saber cómo se siente alguien por lo llena que parezca su semana.

Hasta qué punto es frecuente

En junio de 2025, la Comisión de la Organización Mundial de la Salud sobre Conexión Social calculó que la soledad afecta a 1 de cada 6 personas en el mundo y que el aislamiento social afecta hasta a 1 de cada 3 personas mayores.

Las cifras nacionales van en la misma línea. En Estados Unidos, un informe de 2020 de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina concluyó que aproximadamente una cuarta parte de las personas de 65 años o más que viven en la comunidad se consideran en situación de aislamiento social. En el Reino Unido, 4,3 millones de personas de 65 años o más vivían en solitario en 2024, según la Oficina Nacional de Estadística (ONS). Vivir sin compañía no es lo mismo que sentir soledad, pero es una de las circunstancias en las que la soledad puede instalarse sin que nadie lo note.

Con la edad llegan muchas de las cosas que pueden aflojar los lazos: la jubilación, el duelo, hijos y nietos que viven más lejos, amistades que se mudan o fallecen, y problemas de salud o de movilidad que hacen más difícil salir de casa.

Por qué importa para la salud

La soledad no es únicamente desagradable. Un gran número de estudios la relaciona con una peor salud.

  • Un metaanálisis de 2010 que reunió 148 estudios, con 308.849 participantes, encontró que las personas con relaciones sociales más sólidas tenían un 50% más de probabilidades de sobrevivir durante los periodos estudiados. El equipo investigador consideró que la influencia de las relaciones sociales sobre la mortalidad es comparable a la de factores de riesgo bien establecidos.
  • Un metaanálisis posterior, de 2015 y del mismo grupo de investigación, encontró que, tras tener en cuenta otros factores, el aislamiento social, la soledad y vivir sin compañía se correspondían con un aumento de la probabilidad de muerte del 29%, el 26% y el 32%, respectivamente.
  • La Comisión de la OMS relaciona la soledad con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular, enfermedades del corazón, diabetes, deterioro cognitivo, depresión y ansiedad, y calcula que está relacionada con más de 871.000 muertes al año en todo el mundo.

Aumento de la probabilidad de muerte, teniendo en cuenta otros factores

  • Vivir sin compañía32%
  • Aislamiento social29%
  • Soledad26%
0%40%
Según un metaanálisis de 2015 con estudios de 1980 a 2014 (Holt-Lunstad y colaboradores, fuente 5 más abajo). Son promedios de grandes poblaciones y muestran asociación, no causa; no dicen nada seguro sobre una persona concreta.

Conviene tener presentes dos advertencias. Primero, la mayor parte de esta investigación muestra asociación, no prueba que la soledad cause enfermedades: una mala salud también puede aumentar la soledad. Segundo, son cifras sobre grandes poblaciones. No dicen nada seguro sobre ninguna persona en concreto, y son un motivo para prestar atención, no para alarmarse.

Qué ayuda

La evidencia sobre qué reduce la soledad es más dispar que la que indica que importa, pero algunos resultados se repiten.

Cambiar los pensamientos que alejan de los demás

Un metaanálisis de 2011 sobre intervenciones para reducir la soledad las agrupó en cuatro estrategias: mejorar las habilidades sociales, reforzar el apoyo social, aumentar las oportunidades de contacto social y abordar los pensamientos poco útiles que la soledad suele traer consigo (esperar el rechazo, por ejemplo, o dar por hecho que los demás no tienen interés). Entre los estudios aleatorizados, los que abordaban esos pensamientos fueron los que mejores resultados obtuvieron.

Esto encaja con lo que describe mucha gente: la soledad puede hacer que buscar a los demás parezca más difícil, y eso la hace todavía más honda. El apoyo psicológico, incluidas las terapias psicológicas a las que se puede acceder a través del médico de cabecera, puede ayudar a romper ese círculo.

Contacto regular y cálido

Un ensayo aleatorizado de 2021 publicado en JAMA Psychiatry puso a prueba algo sencillo. Dieciséis jóvenes voluntarios, con una breve formación en conversación empática, llamaron por teléfono a 240 personas adultas que recibían un servicio de comida a domicilio en Texas. Las llamadas fueron diarias durante los cinco primeros días y después, al menos dos veces por semana, durante cuatro semanas. En comparación con quienes no recibieron llamadas, las personas que sí las recibieron dijeron sentir menos soledad, depresión y ansiedad al cabo de cuatro semanas. La mayoría de las personas participantes tenía más de 65 años, y más de la mitad vivía sin compañía.

El estudio fue breve y se hizo en un único lugar, así que no muestra cuánto dura el efecto. Pero sugiere que lo que ayuda no es necesariamente un contacto largo o profesional. Es la conversación regular con alguien que muestra un interés sincero.

Pasos cotidianos y vínculos con el entorno

La Comisión de la OMS insiste en que cada persona puede marcar la diferencia con pasos sencillos y cotidianos, como ponerse en contacto con una amistad que lo está pasando mal, saludar a alguien del vecindario, unirse a un grupo de la zona o hacer voluntariado. También pide apoyo psicológico y mejores infraestructuras sociales, como parques, bibliotecas y cafeterías.

Los propios consejos del NHS sobre la soledad sugieren mantener el contacto por teléfono o videollamada, unirse a grupos, clases o actividades de la zona, entablar pequeñas conversaciones al salir y anotar en la agenda cosas que esperar con ilusión. También mencionan organizaciones como Age UK, The Silver Line y Re-engage.

Qué pueden hacer la familia y las amistades

Si se juntan todos estos resultados, hay unas cuantas cosas al alcance de casi cualquiera.

  • Mantenga un ritmo de contacto. Las llamadas cortas y regulares, a horas previsibles, le dan a esa persona algo que esperar con ilusión, y a usted le permiten notar si las cosas cambian.
  • Tenga verdadera curiosidad. Pregunte por sus opiniones, sus recuerdos y lo que sabe, no únicamente por su salud. Una conversación que trata a alguien como una persona interesante no es lo mismo que una llamada para comprobar cómo está.
  • Facilite las salidas. Ofrézcase a buscar un grupo relacionado con algo que le encante, a ir también la primera vez o a organizar el transporte.
  • Preste atención a si se retrae. Rechazar invitaciones que antes habría aceptado, o decir «¿para qué?», puede ser la soledad la que habla. Dele ánimos con delicadeza en lugar de aceptarlo sin más.
  • Fíjese en el bajo ánimo que no remite. Si a alguien se le ve sin ánimo durante semanas, ha perdido el interés por cosas que antes disfrutaba o habla de ser una carga, anime a esa persona a hablar con su médico de cabecera y ofrezca su ayuda para hacerlo. Si le preocupa su seguridad inmediata, llame al número de emergencias de su zona.

Para saber más sobre cómo mantener el contacto a distancia, lea nuestra guía sobre lo que suele querer decir «estoy bien». Y para las conversaciones que más se suelen disfrutar, pruebe con preguntas sobre su propia vida.

Dónde encaja un acompañante de IA, con toda honestidad

Hacemos un acompañante de IA, así que lo justo es decir claramente lo que sabemos y lo que no.

Un acompañante de IA no sustituye a las personas. Nada de la investigación anterior demuestra que hablar con un programa reduzca la soledad como lo hace el contacto humano, y todavía no hemos medido si Vee lo consigue. Hasta que lo hayamos medido, no lo afirmaremos.

Lo que creemos, y estamos poniendo a prueba en nuestro piloto, es más limitado: que un acompañante amable con quien hablar cada día puede ser una compañía agradable entre llamadas y visitas, y que las notas breves que envía a una familia pueden ayudarla a darse cuenta de cuándo alguien se ha ido quedando en silencio, para que sus seres queridos puedan tenderle la mano antes.

Fuentes

  1. Organización Mundial de la Salud, Social connection linked to improved health and reduced risk of early death, 30 de junio de 2025.
  2. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine, Social Isolation and Loneliness in Older Adults: Opportunities for the Health Care System, 2020.
  3. Office for National Statistics, Families and households in the UK: 2024, publicado el 23 de julio de 2025.
  4. Holt-Lunstad J, Smith TB, Layton JB. Social relationships and mortality risk: a meta-analytic review. PLoS Medicine, 2010.
  5. Holt-Lunstad J, Smith TB, Baker M, Harris T, Stephenson D. Loneliness and social isolation as risk factors for mortality: a meta-analytic review. Perspectives on Psychological Science, 2015.
  6. Masi CM, Chen HY, Hawkley LC, Cacioppo JT. A meta-analysis of interventions to reduce loneliness. Personality and Social Psychology Review, 2011.
  7. Kahlon MK, Aksan N, Aubrey R, et al. Effect of layperson-delivered, empathy-focused program of telephone calls on loneliness, depression, and anxiety among adults during the COVID-19 pandemic. JAMA Psychiatry, 2021.
  8. NHS, Get help with loneliness.

Fuentes consultadas el 22 de octubre de 2026.